Cuando el amor propio se siente incómodo: cómo empezar a mirarte de cerca
Hay una parte del amor propio que casi nadie menciona: la incomodidad. Esa sensación de estar entrando en un territorio nuevo, donde ya no podés esconder lo que evitaste durante años. Mirarte de cerca no siempre es agradable, pero es uno de los actos más profundos de honestidad emocional que podés tener con vos misma.
El amor propio real no es solo suavidad. También es verdad. Y la verdad, cuando es íntima, suele mover cosas que preferiríamos dejar quietas. Por eso, cuando empezás a trabajar en vos, es normal sentir resistencia, cansancio, dudas o incluso miedo. No estás retrocediendo: estás entrando.
Por qué mirarte de cerca se siente tan incómodo
Durante mucho tiempo aprendimos a sobrevivir evitando lo que dolía. A veces funcionó. A veces nos protegió. Pero llega un momento en el que seguir evitando te cuesta más que mirar. Y ahí empieza el verdadero trabajo interno.
La incomodidad aparece porque estás rompiendo patrones viejos. Estás dejando de funcionar en automático. Estás empezando a escucharte. Y escuchar lo que realmente sentís puede ser desafiante, especialmente si pasaste años silenciándote para encajar, agradar o sostener a otros.
La incomodidad no es señal de que lo estás haciendo mal
Muchas personas creen que si el amor propio duele, entonces algo está mal. Pero es exactamente al revés: la incomodidad suele ser una señal de crecimiento. Es el indicador de que estás tocando algo verdadero, algo que importa.
No es fácil admitir que te hablaste mal. No es fácil reconocer que te abandonaste en momentos clave. No es fácil aceptar que te exigiste demasiado. Pero esa sinceridad es el inicio de una relación más honesta con vos.
Qué significa “mirarte de cerca”
Mirarte de cerca no es juzgarte. No es castigarte. No es analizar cada detalle de tu vida para encontrar errores. Mirarte de cerca es observarte con curiosidad, con paciencia y con la intención de entenderte, no de corregirte.
Mirarte de cerca sí es:
- Reconocer tus emociones sin minimizarlas.
- Preguntarte qué necesitás en lugar de qué deberías sentir.
- Notar tus patrones sin culparte por ellos.
- Escuchar tu cuerpo cuando te pide pausa.
- Ser honesta con vos, incluso cuando es incómodo.
Mirarte de cerca no es:
- Buscar perfección emocional.
- Exigirte respuestas inmediatas.
- Criticarte por no estar “más avanzada”.
- Compararte con procesos ajenos.
La incomodidad como puerta de entrada a una versión más honesta de vos
La incomodidad no es un obstáculo: es una puerta. Te muestra dónde hay algo que necesita atención, cuidado o reparación. Te señala los lugares donde te abandonaste. Te invita a volver a vos.
Cuando dejás de evitarte, empezás a conocerte. Y cuando empezás a conocerte, podés empezar a tratarte mejor. La incomodidad es el puente entre la versión de vos que sobrevivió como pudo y la versión de vos que quiere vivir con más claridad y más dignidad emocional.
Cómo atravesar la incomodidad sin perderte en ella
No se trata de forzarte a sentirte bien. Se trata de acompañarte mientras atravesás lo que aparece. Estas prácticas pueden ayudarte:
- Respirar antes de reaccionar a tus emociones.
- Escribir lo que sentís sin editarlo.
- Hablarte como hablarías a alguien que querés.
- Recordar que no tenés que resolver todo hoy.
- Buscar espacios donde puedas ser vos sin máscaras.
La incomodidad no se atraviesa con fuerza. Se atraviesa con presencia.
Un acompañamiento honesto para este proceso
Si estás atravesando un momento donde mirarte de cerca duele, este libro puede acompañarte. “La Vara Alta” te ayuda a entender tu incomodidad sin juzgarte, a reconocer tus patrones con honestidad y a construir una relación más digna con vos misma. Un espacio para volver a vos sin miedo a lo que encuentres.
Más informaciónSi querés profundizar: un acompañamiento más honesto
Si estás en este punto —si el amor propio te incomoda porque te está mostrando verdades que evitaste— quizás te haga bien leer La Vara Alta. Es un libro que no te exige perfección: te invita a mirarte con más claridad, más dignidad emocional y más ternura.
También podés leer:
• Por qué el amor propio no es una moda ni un hashtag
• La diferencia entre cuidarte y exigirte que seas perfecta
• La soledad en tiempos de redes
Conclusión
Si el amor propio se siente incómodo, no estás fallando: estás creciendo. Estás dejando de evitarte. Estás empezando a mirarte con más honestidad. Y aunque esa mirada duela al principio, también es la que te permite construir una relación más real con vos misma.
La incomodidad es el inicio. La ternura es el camino. Vos sos la que vuelve a vos.
Sobre el autor: Ren Belor escribe sobre amor propio, dignidad emocional y relaciones conscientes.
Comentarios
Publicar un comentario